Que la lavadora se quede llena de agua es la falla número uno que atendemos en México, y en cerca de un tercio de los casos el problema se resuelve en diez minutos sin herramientas especiales.
La primera sospechosa es siempre la trampa de pelusa o filtro de la bomba, ubicada en la parte baja del frente en modelos de carga frontal y bajo el tambor en muchos verticales. Desconecta el equipo, coloca una charola, abre la tapa y retira monedas, botones y pelusa compactada.
La segunda causa es la manguera de desagüe mal colocada. Si su extremo queda por debajo del nivel del tambor, el agua se sifonea; si queda demasiado alto, la bomba no vence la altura. La regla práctica es dejarla entre 60 y 90 cm del piso.
Tercera: el desagüe de la casa. Si la coladera del área de lavado se tapa, el agua regresa y el equipo marca error aunque esté sano. Vierte cinco litros de agua caliente y observa la velocidad de desalojo.
Cuarta: la bomba de drenaje quemada. Se reconoce por un zumbido sin movimiento de agua o por silencio total en la fase de vaciado. Es una refacción económica y su cambio toma menos de una hora.
Quinta: la tarjeta electrónica o el presostato, que “cree” que el tambor sigue lleno. Aquí sí conviene llamar a un técnico: la medición requiere multímetro y conocer los valores de resistencia de tu modelo.
