El refrigerante no se gasta: si falta, es porque hay una fuga. Cualquier técnico que te ofrezca “recargar” sin buscarla te está vendiendo una solución temporal.
Antes de tocar el sistema hay que descartar lo evidente: filtros de la evaporadora saturados, unidad condensadora obstruida por hojas o polvo, y temperatura de consigna mal configurada en el control.
Después toca medir. Con manómetros se leen las presiones de alta y baja y se compara con la tabla del refrigerante correspondiente, casi siempre R-410A en equipos posteriores a 2015.
Si las presiones indican carga baja, se localiza la fuga con nitrógeno o detector electrónico, se repara, se hace vacío y hasta entonces se carga por peso, no “al tanteo”.
Un equipo con carga correcta y filtros limpios debe entregar entre 8 y 12 °C de diferencia entre la entrada y la salida de aire. Si no lo logra, la falla está en otro lado y conviene revisar el compresor.
